Complejidad y riqueza. Se entiende como el conjunto de bienes tangibles e intangibles cuya posesión responsabilidad y disfrute corresponde a toda la ciudadanía. Se trata de un espacio indispensable para el desarrollo de las personas y de sus capacidades, que debe ser cuidado y respetado como bien común. En lo Público se aúna la potencialidad humana y la interdependencia aunque en apariencia se aprecie como una entidad autónoma. Ofrece distintos grados de permanencia en cuanto a la negociación de sus usos y de sus significados. Su versatilidad permite renegociarlo para atender a necesidades, exigencias vinculadas a derechos y obligaciones sociales así como a necesidades emergentes.
La integridad de su cuidado. Al situar a las personas dentro de la responsabilidad sobre la esfera pública se establece una concreción de lo público que se sitúa en un espacio basado en un contexto en el que distintas dimensiones: física, interaccional, simbólica y emocional construyen la realidad así como sus interpretaciones y significaciones expresadas en las relaciones sociales delimitadas en el tiempo. Se desmantela así la separación rígida entre un concepto del espacio hegemónico y el espacio que compete a la responsabilidad ciudadana. Los bienes públicos corresponden a distintas áreas entre las que se encuentra la educación, sanidad, gobernanza, cultura, ocio, movilidad.
El valor de la responsabilidad compartida. Es por ello tan importante la sensibilización de las personas en su doble identidad individual y colectiva, de manera que se reconozca como un bien cívico, las fuerzas sociales generadas por y desde la participación ciudadana. En la gestión adecuada de lo público se refuerza la flexibilidad de la identidad colectiva para asegurar el progreso genuino y duradero en la sociedad vasca.